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2 de septiembre de 2010

Me quedo en tu balcón

Qué clase de periodista sería si no escribiera un post dedicado al mes de septiembre. Probablemente uno bueno. Pero como soy de la vieja guardia, no puedo dejar pasar la oportunidad de volver a centrarme en la realidad. Los guiris ya cierran las maletas en las habitaciones de sus módicos hoteles de costa. Algunos se llevan unas bonitas fracturas gracias a lo que ha sido para este servidor el fenómeno del verano, el “balconing”. Una interesante propuesta de performance que nos han traído nuestros alcoholizados huéspedes. Lástima que algunos de ellos no vayan a poder repetir en tan cálidas tierras.


Creo que hay imágenes que no merecen comentario.

Los días remiten, los pasos vuelven al compás robótico y comienzo a cruzarme las mismas miradas que hace unas semanas. La escalera del edificio registra más tráfico, los coches van apoderándose de su habitat, las faldas ya no son tan cortas, ni los escotes tan pronunciados. Las abejas volvemos a hacer polen para la reina. La mentira hippy del verano comienza a verse truncada. Ibiza fue el destino de moda y Michelle Obama nuestro particular Mr.Marshall.

Thanks!

Siempre quedan las esperanzas de que la cartelera del cine mejorará, de que este año no habrá marrones en el curro y de que sonreiremos más; pero pronto todo eso acabará en la papelera de reciclaje de el escritorio de nuestro ordenador y pulsaremos la opción de Vaciar.

Tomada con el móvil camino del curro.

Me gusta ser pesimista, es una forma positiva de ver las cosas. Creo que por eso me gusta tanto el Otoño, siempre pasan cosas fantásticas en Otoño, que coño, el Otoño es la mierda. Me tomo el café frío por las mañanas, la alcachofa de la ducha está llena de cal, siempre se me cae Internet cuando la descarga está a punto y mi casero pasa de reparar las manchas de humedad del piso. Por eso me gusta el mes de septiembre, porque me recuerda siempre que un nuevo curso escolar amanece, y a mi me gustaba ir al colegio, a pesar de todo.

Dedicado a 33 Series, y su pedazo de lista de Spotify, y en homenaje a los increíbles momentos que vivimos en la FAB.

1 de agosto de 2010

Un liviano post de verano

Tener un blog sí es, como se ha dicho muchas veces, un auténtico cuaderno de bitácora, y no precisamente porque se esté de viaje. Vuelve a ser Agosto en la Ciudad a poniente y los moradores de la urbe salen disparados en cualquier dirección (ventajas del modelo radial). “El sol calienta como una estufa de butano y los pájaros visitan al psiquiatra”. Una de las primeras nociones que tuve de lo que podía llegar a ser esto fue cuando vi “Barrio” de Fernando León. No es tan dramático, pero se asemeja un poco.

"Vaya, vaya"

El verano en Madrid transforma el paisaje humano de la ciudad. De repente, sus habitantes son más rubios, con ojos más azules y más altos. No hay nada de malo en ello, de hecho resulta incluso exótico. Calcetines con chanclas, paellas mixtas y mapas calcinados en la cola del Prado. Es como si fuéramos un parque temático en las afueras de Estocolmo.

"Con la calor que hase hija"

Cuanto más madrileño me hago, menos me molesta pasar el verano en Madrid. Todo resulta mucho menos estresante. En el supermercado de descuento ya no hay que meter el codo por el último paquete de tallarines. En los cines se está fresquito, eso sí, el cine independiente convive con las porquerías de última hora, esas empalagosas y absurdas comedias románticas de una dudosa autoría intelectual. Aunque gracias a Mao nunca dejamos de tener camaradas chinos que nos proveen de todo lo que no necesitamos y creemos imprescindible.


El verano provoca que baje el ritmo cardiaco de las arterias y las venas de esta condenada ciudad. Al que que aquí sobrevive siempre quedan los helados y los parques, las piscinas municipales. Lástima que haya que reconocer que el esfuerzo de los gobernantes de esta polis en eliminar cualquier resto de árbolado en las plazas públicas está dando resultado, son insufribles.

"No por consabido, menos cierto"

Yo soy de costa, de la costa mediterránea, de la costa mediterránea alicantina y sé perfectamente que Agosto es el mes más horrible para ir a la playa. Aunque si es el único que tienes, se puede comprender. Aún así, me cuesta entender de cuánto de voluntario y de cuanto de estupidez unisónica estamos hablando. Agosto un mes para sobrevivir, un mes para la fiesta, un mes para preparar el verdadero calendario, porque en Agosto cada año echa su última llamarada antes de apagarse.

Pues eso.