4 de febrero de 2010

Vidas de escayola

Hoy no voy a ir al basket. Lleva todo el día con el txirimiri y la precaria pista en la que jugamos estará encharcada. Durante todo el día se escuchaban sirenas de un lado para otro, ha hecho frío y para colmo se me ha roto un aircular del Mp-3 y eso complica la digestión de los días.
El otro día estábamos en casa comiendo, serían como las tres y pico y de repente sonó el timbre. Con un poco de sobresalto fui al telefonillo y contesté. Recibí una explicación un tanto peregrina sobre un tema del seguro del edificio y unas goteras. Sin abrir la puerta exterior salí a atender la requisición y a enterarme bien, me limpié las manos con la servilleta y salí a la calle. Un tipo con cara aguda y unos cuarenta años, libreta en mano me soltó un confuso rollo acerca del bajo, la dueña, el seguro del edificio, el administrador y unas goteras. Tras escucharle atentamente me pidió entrar a casa para ver las goteras. Por supuesto que le negué dicha iniciativa. Al pedirle que se identificara hizo un conato de marcharse. Cosa que no acabé de entender puesto que le estaba pidiendo que me clarificara la situación. Se puso una gorra en su brillante calva y se largó. Ahora, y atando cabos, no me cabe ninguna duda de que se trataba de un estafador / ladrón.

Así o más...

De regreso a la jornada de hoy, llegué por la tarde mientras barruntaba la necesidad de volver a escribir en este blog. En la puerta del curro estaban los bomberos con la puerta abierta. No vi humo salir de la oficina así que entre bromas le comenté al jefe esa situación. Éste se temió lo peor pues la cosa venía de lejos.
De repente los bomberos entraban y salían de la oficina sin explicar muy bien que es lo que pasaba. Un tipo bastante pesado con su barriga enorme se sentó en el escritorio a tomar no sé que datos. Os aseguro que ninguno querríamos que este individuo estuviera de guardia si nos tuvieran que rescatar. La burocracia funcionaba a contrarreloj preparando su circo. Al cabo de un rato, de entradas y salidas; aparecía por la oficina un tipo de fina estampa franquista, con una identificación a la que parecían haberle borrado el águila hace bien poco, y tapando el bolsillo de su rancia americana luciendo unas gafas con cadenita dorada incluida. Bomberos, policía local, y un montón de trabajo sobre las mesas, llamadas que no paraban de saltar en los teléfonos. El lío era monumental. El desencadenante, una señora de varios pisos más arriba que decía que el edificio estaba en peligro de derrumbe. Seguía llegando gente a la oficina, del Ayuntamiento, de una empresa de obras subcontratada por el Consistorio, más gente del Ayuntamiento que solo hablaba por el móvil con su familia. El camarote de los Hermanos Marx en plena performance. El administrador de la finca y la vecina que quería entrar a meter bulla y mi jefe que mantenía la calma aunque desesperado por dentro. Todo se sucedía. Y el trabajo que se acumulaba. Nada parecía poder remediar que los bomberos y el señor de las gafas con la cadenita dorada abrieran un boquete en el techo.
Ilustración robada de este blog.

De nada sirvieron las informaciones de mi jefe; quien no paraba de explicar que la estructura había sido recientemente restaurada, que la oficina estaba recién pintada, que estábamos hasta arriba, y sobre todo, que las fotos que la señora de arriba presentaba eran falsas y anteriores a la reforma. Reforma ésta que para colmo estaba sellada por el propio Ayuntamiento. Ávidos por picar la escayola comenzaron a abrir un boquete en el techo de la oficina a picotazo limpio, el ruido era ensordecedor y la escena rozaba lo dantesco. Y pues sí, las vigas, los ladrillos y la estructura estaban perfectamente. Luego, vaya ni una disculpa ni nada. Unos, que eran de la oficina del Ayuntamiento me pidieron un recogedor y una escoba y dieron cuenta de los escombros, aunque quedó el polvillo ese mítico de cuando picas escayola claro. Después, sacamos el curro adelante como pudimos y conseguimos no salir tarde. Ante tanto circo, tanto esperpento y tanta inutilidad, más allá de evocarme a Berlanga, me trajo una reflexión, y espero haberla compartido con vosotros.

Viva la vida por la patilla.

25 de enero de 2010

Haití ¡Viva el saqueo!

Me levantó por las mañanas y tengo la fea costumbre de desayunar viendo la tele. Sobre este hecho tengo la culpa y yo me acuso de abusar de la caja que no es tonta, es hija de puta. Pero que le voy a hacer estoy enganchado desde pequeño, y a estas alturas hay vicios que uno no puede quitarse, tendré que vivir con ello. Últimamente acumulo cadáveres en cada informativo que consumo. Será que me estoy volviendo loco, pero yo juraría que mucha gente de la que ha pillado las maletas y se ha ido a Haití, lo ha hecho para beneficiarse de una u otra forma de las muerte de miles de personas, y vaya, no sería la primera vez. Casi vomito al percibir como ya están a tope sacando niños de Haití en plan Nazi-Pinochet para las familias ricas de occidente. Por no hablar del desguace de órganos que ya se está orquestando.

Entro en el metro y hay mensajes que rezan: “Solidaridad con Haití”, se acuerda alguien ahora de Darfur, no, se los están comiendo las moscas como siempre. Recibo un mensaje de Orange invitándome a enviar un SMS que aporte a Haití. ¿Me toman por imbécil o qué? Los famosos se hacen fotos y montan galas. ¿A dónde va a parar la pasta? Solo me inclino por reclamar transparencia en el caso de las administraciones públicas, del resto, paso. En qué se va a gastar, cómo se va a gastar. Nunca lo sabremos, eso seguro.

No guardo respeto por nadie. Los periodistas que hacen negocio con el espectáculo de la devastación pero que se van a dormir al Hotel. Los cruceros de lujo que siguen pasando por Haití. Y los militares que toman posiciones sobre un territorio estratégico. La historia del país caribeño está plagada de intervenciones militares y golpes de estado, o es que de repente la historia del país ha desaparecido y ya no cuenta. A lo mejor está bajo los escombros del edificio de la O.N.U.

Me gustaría dejar abierta, como siempre, una puerta abierta al debate y la reflexión. Y para ello dejo información que pueda servir elemento de partida para una actitud crítica ante lo que está ocurriendo, más allá de una encendida opinión.


DIAGONAL

EL MUNDO

LA HAINE

EL MUNDO

LA RAZÓN

LA IDEA

19 de enero de 2010

Ceyunar

Durante el vuelo de regreso, consciente de lo mal que lo había pasado con el Jet-Lag intenté adaptar el reloj biológico a toda costa. Después de pagar 5 euros por un café en el aeropuerto de Frankfurt descubrimos que había máquinas gratuitas de café tras una pared, me tomé otro. Traté por todos los medios de no dormir hasta la noche con tal de evitar las eternas horas de insomnio que otrora sufriera en anteriores viajes. Para ello hasta volví a leer El País, algo que me había prohibido desde hacía meses. Las palabras de Goytisolo se perdían en una mancha de nada, pero bueno, algo es algo. El esfuerzo fue tremendo, me sudaban hasta las uñas, y estábamos fatal. Pero finalmente llegó la hora de acostarnos y nos fuimos a coquetear con Morfeo. Pasaron las horas y mis ojos se entreabrieron. Miré el reloj y eran la una y media ¡Horror! Había vuelto a suceder. Intenté tranquilizarme y Gloria hizo lo mismo y cerramos los ojos. Volvimos a despertar y eran las cuatro, tratamos de nuevo de dormir y llegamos a las siete y media. Entre risas, nos hicimos una tila y cortamos unos pedacitos de fruitcake. Por algún motivo Gloria se escamó al ver unas ropas tendidas, y al observar que estaba demasiado oscuro para la hora que era y encendió el televisor. De repente estaban poniendo un partido de baloncesto. ¡Uy que raro! Joder, son las siete y media, pero de la tarde, nos habíamos saltado un día. Obvio que aquella post-noche-día no dio un pedazo de Jet-Lag que te mueres. Pero bueno, ya está superado. ¡Que jodido es no dormir por la noche!

El Azor, varado en Burgos.

No importa a donde vaya uno, da igual cuanto tardemos en volver, el regreso es inevitable. Nuestros miedos, nuestras rutinas siempre estarán ahí para hacernos ver que todo intento de escapar es eso, sólo un intento. El chino de la esquina todavía no me ha perdonado, sigue enfadado conmigo porque un día al regresar del basket me puse a gruñir porque las latas de refresco me parecían caras. Probablemente mis quejas eran fruto de otras historias más coyunturales, sin embargo, él persiste en ponerme mala cara cuando voy a por el pan. ¿Qué puedo decir? No voy a disculparme.
Con la voz todavía empañada por una mañana de lunes llegué el primero a la oficina. Sin tiempo de quitarme el abrigo sonó el teléfono.

* ¿Está Rubén?
* No, todavía no ha llegado, ¿Eres Carlos? Inquirí creyendo saber la respuesta.
* No, soy Susana.
* ¡Ah! Llega en quince minutos. ¿Le llamas en un rato?
* Claro.

Total, que nada ha cambiado. Al llegar a Madrid todo parece igual, al poner las noticias percibo que la realidad sigue superando a cualquier ficción que podamos imaginar. Pastillas, terremotos, y escaneres genitales, siempre todo con el sello inconfundible de: “En nombre de la libertad”. Así que bueno vamos tirando. Cañitas y amigos para seguir en la lucha, que no es poco. Con lo aprendido, con lo disfrutado, con lo emocionado, todo ello con una nueva energía sin la cual sería imposible seguir adelante. Tengo muy buenas sensaciones para este 2010. Estoy convencido de que lo mejor siempre está por llegar.

Dedicada al nuevo talde, que ya está dando mucho de que hablar.

10 de enero de 2010

Ensayo sobre la vida en América III

La historia de México es, como la historia de muchas otras naciones, una historia de la lucha de clases. En este caso, y probablemente en mayor medida que ningún otro país en el mundo, viene condicionada por su vecindad con los EE.UU. El 2010 los hijos de los aztecas, pero también de los mayas, los zapotecas, los huicholes, los taraumaras y un largo etcétera vivirán un doble aniversario. El del bicentenario de su Independencia, y el del centenario de su Revolución. Mi impresión sobre tan bastos asuntos en tan ancho territorio deja mucho que desear, pero en todo caso, me queda la sensación de que ni de uno, ni de otro acontecimiento quedan demasiadas evidencias en cotidianeidad mexicana, salvo restos de unos y otros bandazos de su convulsa historia. Por una parte, la presencia de multinacionales, trasnacionales o como las queramos llamar hace poco patente una soberanía que sufrío mucho durante todo el siglo XIX a manos de Franceses, Ingleses, Españoles y Estadounideses, estos últimos nada parcos en su naciente y voraz imperialismo, se quedaron con la modesta cantidad de la mitad del país.

¡Ingas! Por una vez, le dimos en la torre a los gringos.

Ahora entre Gas Natural, Telefónica, BBVA o Santander entre otros miembros de esta nueva Santa Alianza se da una nueva reconquista, que en realidad nunca ha cejado en su empeño y que todavía hoy es palpable en el resultado de las desigualdades sociales que sigue provocando. Desigualdades que desencadenaron en todo caso estos dos momentos históricos y cuestiones estas que siguen sin resolverse. Es por esto, que si perviven las causas, puedan repetirse las consecuencias, o por lo menos esto dicta la historia, que pese a ser ciencia, dista mucho de ser exacta. No obstante, los vaticinios se los dejo a los futurólogos quinielísticos y las recetas a los chamanes del nuevo mundo.

¡Estuvo bien padre!

En la meta de la observación cotidiana que me había fijado para esta ocasión, me sigo quedando con la extrema bondad y generosidad de las gentes que moran al sur del Río Bravo. Muchas son las incognitas que me traigo y pocas las certezas. Pero entre ellas está la de recomendar a cualquiera que pueda y quiera a visitar y conocer tan increible nación de norte a sur y de este a oeste; y por supuesto a extraer sus propias conclusiones sobre cómo son posibles tantas contradicciones entre los seres humanos, y sin embargo, cómo podemos querernos tanto.

Para que no se nos olvide nunca.

27 de diciembre de 2009

Ensayo sobre la vida en América II

Entre las muchas cosas que me llaman la atención de este lado del Charco hay una muy peculiar, los retretes tienen mucha más agua en la taza, esto es muy llamativo y produce fenómenos muy curiosos, no acabo de decidirme si me gusta más o menos que la escueta cantidad de H2O que recibe nuestros regalos en el Viejo continente. Cuando menos es muy llamativo.

En Monterrey hay diversos fenómenos dignos de estudio, uno de ellos es la conducción. Los carriles no solo no están bien delimitados sino que en multitud de ocasiones las rayas de la carretera se multiplican hasta convertir en pura intuición adivinar cual es el carril por el que uno debe circular. La gente hasta tal punto no usa los intermitentes que creo que muchos de ellos no se han fijado que en lugar de ser amarillos son del mismo color que el faro, con lo cual la confusión es máxima. Pero el caos, no es más que un equilibrio al que no estamos acostumbrados y todo fluye de manera armónica. Así de este modo accidentarse conduciendo forma parte de la cultura general de esta ciudad. Todo el mundo tiene anécdotas que contar en las reuniones, algunas llenas de sangrientas peripecias al volante, las cuales lucen cual medallas al valor, y sobre todo cargadas de mucho humor. Curiosa también la noticia que he leído y oído en los medios de comunicación locales estos días, y la cual he tardado en asimilar, en la cual se anuncia la retirada de los controles de alcoholemia por ser fechas navideñas y como muestra de buena voluntad por parte de las autoridades. Cabe decir que aquí el coche es casi una extensión de la persona, y que apenas se concibe la vida fuera del hogar sin la presencia del utilitario.

Aquí la temperatura es sencillamente primaveral, y la vida es ampliamente familiar. Saludar a toda una familiar requiere todo un espacio de tiempo y los saludos son efusivos y cariñosos. Las altas tasas natalidad es algo que choca con la mentalidad actual en nuestras capas sociales del Viejo mundo. Me llama la atención la cantidad de sitios de comida para llevar, y como la impresionante gastronomía mexicana nunca se agota. En este caso del Noroeste del país la carne de res es la estrella. Y es que esta parte de la República se funde, en determinados momentos, con el concepto del sombrero, el caballo, las botas, las reses, los ranchos y toda esa vida del viejo estilo americano.

Otro tema que siempre está en el candelero son como las llaman ellos: “las balaceras” o tiroteos, para nuestras entendederas. A menudo pasamos por calles o avenidas y se comentan los acontecimientos vividos entres nubes de plomo entre los “narcos” y las distintas fuerzas policiales o militares. Hay mucho de viejo y nuevo en toda esta historia y todavía no tengo una opinión formada del todo al respecto, pero si intuyo muchas cosas que giran en torno a este “bussines”. En cierta manera me causa mucha risa observar como todo es lo mismo en todas partes, y como de forma intencionada se generan pánicos, conflictos, mitos y leyendas en torno a lo que los media inflan como un globo de helio. Si utiliza una mirad Euskalegrítica, todo cae en el histrionismo y el ridículo. P.E: El otro día apresaron a un músico norteño por haber tocado en las fiestas de los narcos. La opinión pública está sumamente dividida como os podéis imaginar con manifestaciones y toda la pesca. Al oír la noticia yo pensé, “Mira, el Todo es E.T.A, pero en versión Todo es Narco” y me reí a carcajadas. Narcofiestas
Pese a que en México lleven unos 3.500 muertos al año por este conflicto no se respira ningún tipo de inseguridad en las calles. Eso sí, hay que tener ciertas precauciones, pero yo diría que así como en prácticamente en cualquier parte del mundo, ¿O no?